Querida Lore:

Me recuerdo haber acabado de leer el libro de Parir sin miedo, de investigar en internet el tema, de ir los sábados a mi clase de natación con Bertha, de conocer en las clases a Bety y Letty, de proponerle a Bety documentar en fotos su parto con el motivo de saber cómo era, de que llegó el día que nació Victoria y estar maravillada por la simple experiencia de poder ser testigo de ver esa forma de nacer. Fue mágico cómo todo se me puso enfrente para conocerte.

Hablamos, me explicaste lo que era Hipnoparto, te conté mi historia y tomamos tu curso. Recuerdo a Piero escéptico de todo hasta que en el último día de tu curso todo le hizo sentido. Comprendió mi objetivo de ir cada día a escucharte. Agradecí por aprender de ti y tenerte tan cerca. Seguí tu sugerencia de visualizar su nacimiento como mejor sé hacerlo, escribiendo y me maravillé de cómo sucedió todo palabra a palabra tal y como lo había escrito.

A finales de la semana 40, un domingo, fuiste a mi casa a darnos el empujón a Massimo y a mi para soltar, dejar que sucedieran las cosas con una meditación hermosa y es que hasta tu voz. Tienes un don bellísimo que compartes con los que te rodeamos.

Te llamé de madrugada, tu también embarazada. Nos vimos en el hospital y solo recuerdo tu mirada, indescriptible contar cómo me acompañaste, me guiaste, me ponías fomentos de agua en la frente, me pusiste música, que el nacimiento de Carissa salió una rolita pop que me hizo soltar una carcajada.

Definitivamente SOLA no hubiera sido lo mismo, no hubiera podido confiar tanto en mi. 

El poder que haces que sintamos en momentos muy débiles y vulnerables para seguir, para no dudar, para inspirarnos con tu experiencia y tener la oportunidad de experimentar entregarle a la naturaleza nuestro ser, es mágico Lore.

Te admiro en cada paso que das. Te quiero muchísimo.

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BienestarArody SanchezComentario