Querida Raqui:

Massimo está a punto de cumplir 5 años y aun recuerdo el día que salí de mi casa caminando embarazada con unas 36 semanas hacia Gynekos. Recuerdo haber volteado a sentir el aire rico de ese día con muchísimo sol pero ese sol rico de mañana. Me recuerdo feliz y motivada por ir a verte. 

Entré al salón donde estarías con muchas mamás a escuchar todo lo que tenía que aprenderte. Recuerdo sentirme tan poderosa, tan capaz, tan indestructible. Te escuché atentamente, dijiste cosas maravillosas del cuerpo de una mujer que también era MI cuerpo. Cuánto me faltaba por aprender. Dijiste algo que se me quedó por siempre: -Tu cuerpo sabe-. 

¿Mi cuerpo sabe? ¿¡Qué sabe!? Jamás me hubiera pasado por la mente que el día que nació Massimo en esa semana 41 y 1 día nos habría cambiado la vida, mi mismo cuerpo y todo mi ser. Confiar que la naturaleza ha sido la base de mi actuar. El respeto por ella. Mi admiración hacia ella. Me impresiono de lo desconectados que vivimos de ella en esta época que nos tocó compartir.

En ese grupo conocí y reconocí a mamás que te empiezas a cruzar en tu camino. Repetidamente. Sabiamente. 

Naturalmente ahora lo comprendo, las mujeres lo hacemos. Lo buscamos y procuramos. ¡Qué belleza! Sabemos intuitivamente que no podemos vivir esta etapa de nuestra vida solas, abandonadas, enclaustradas en una habitación con un bebé que demanda todo nuestro tiempo. Aun así, hoy sé que tristemente lo viví así. Con una idea de -Yo puedo sola-. No escuché a mi naturaleza. Estuve en un mundo lleno de puros retos mentales inexistentes que pedir ayuda o compañía era lo que menos quería demostrar.

Mi cuerpo sabe, ¡claro que sabe! Lo vi hacer un bebé, desarrollarse, cambiar y mutar para lograr crear alimento para mi bebé. No solo una, sino dos veces. Nunca pensé que la maternidad me transformara tanto y la lactancia es gran parte del proceso.

He visto cómo ha ido evolucionando tu comunidad, mamás que van y vienen, mamás que permanecen y donde volví a coincidir con algunas la segunda vez cuando llegó Carissa. Hacer lo que haces cada día que reúnes a tantas mujeres es un regalo. Un regalo para mi vida, para darle un plus y un valor a este momento tan importante de una mujer donde bien se puede vivir en absoluta soledad; o bien, decidirlo diferente abriendo caminos nuevos y amistades nuevas. En compañía. 

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Agradezco esas dos llamadas que te hicimos en la noche de dos momentos cruciales para Massimo y Carissa, que marcaron la diferencia para Piero y para mi.

En realidad nunca estuve sola, era yo la que no podía verlo. Tuve a mujeres hermosas que no dejaron de ayudarme, de hacer por mi, de demostrarme que si se podía, que me regalaron su tiempo, sus palabras, sus ánimos, su amistad, me echaron porras, sanamos y crecemos juntas.

En definitiva, de amor verdadero no puede haber sobredosis.

Gracias por regalarme mi pequeña dosis de ti Raqui.

BienestarArody Sanchez2 Comments